Investigan sobre la Temperatura y el Sexo de los Peces
Noticia
publicada el 28/10/2004
Cuando
los huevos de lubina eclosionan, las larvas no tienen definido
su sexo. Esto no sucede hasta unos meses después, cuando
los juveniles alcanzan a una medida de entre 8 y 14 cm. Que lleguen
a ser machos o hembras depende fundamentalmente de su componente
genética determinante del sexo. Pero ésta puede
ser modificada por algunos factores ambientales como la temperatura.
Un equipo de investigadores del Instituto de Ciencias de Mar,
del CSIC en Barcelona, está estudiando éste fenómeno.
En
condiciones normales, explica Francesc Piferrer -quien dirige
el proyecto Sexratio- “la proporción de machos en
una puesta varía entre el 30 y el 70%, según el
origen de los progenitores”. Pero cuando se consideran
todas las puestas en conjunto, detalla el investigador, la proporción
de machos es aproximadamente del 50%. Los investigadores observaron
que si la temperatura del agua en la que se desarrollan las larvas
es de unos 21º C, más elevada de lo normal (lo normal
son entre 13 y 18° C) la proporción de machos aumenta
al 80%, 90% o incluso al 100%. ¿Qué mecanismo hace
que esto sea así?
La
investigación publicada hoy por consumaseguridad.com agrega
que el equipo de Piferrer cree que la respuesta está en
el gen cyp19, que codifica para el citocromo p450 aromatasa,
una enzima responsable de la producción de estrógenos
a partir de andrógenos, los dos tipos principales de esteroides
sexuales, ambos necesarios para la diferenciación gonadal.
Por
eso han clonado genes implicados en la síntesis, el transporte,
la recepción y el efecto biológico de estos esteroides.
Cuando se expresa la aromatasa se produce la síntesis
de estrógenos, las hormonas femeninas. Sin embargo, el
aumento de temperatura bloquea la expresión del gen cyp19
y,
por lo tanto, no se produce esta síntesis.
La
consecuencia es que las crías que tenían que ser
hembras -las que tienen la información genética
para a ser hembras- no lo llegan a ser. Por eso aumenta la proporción
de machos.“ Las gónadas sexualmente indiferenciadas
son únicas entre todos los órganos de los vertebrados”,
añade Piferrer, “ya que tienen dos opciones para
su desarrollo durante el proceso de diferenciación sexual:
devenir ovarios o testículos”.
Entender
las interacciones genotipo-ambiente en los peces es de gran interés
no solo para la biología sino también para la gestión
adecuada de una piscicultura. En este sector, unas empresas mantienen
los reproductores, producen los huevos y crían las larvas
hasta unos 10 gramos. Otro grupo de empresas compra estas crías
y las engordan hasta el peso de venta (alrededor de los 400 g).
Una
de las estrategias que vienen usando desde hace tiempo las empresas
que crían las larvas es aumentar la temperatura del agua.
De esa forma optimizan los ciclos de producción y venden
antes a las empresas de engorde, ya que se ha visto que con mayor
temperatura en el agua, las crías comen más y llegan
antes a los 10 g.
El
problema es que la empresa que se dedica al engorde se encuentra
con que prácticamente todos los peces resultantes son
machos. Comercialmente, los machos no son rentables porque crecen
un 35% menos que las hembras; aunque las hembras tardan más
en desarrollarse acaban siendo más rentables. Por lo tanto,
apunta el equipo del CSIC, “no forzar el proceso natural” y
volver a temperaturas más habituales para las lubinas
puede equilibrar la proporción entre machos y hembras,
así como evitar el gasto que representa aumentar la temperatura
del agua.
De
hecho la acuicultura busca vías para obtener un mejor
rendimiento de las infraestructuras, entre ellas las derivadas
de la manipulación genética. Actualmente es posible
la producción de lotes de peces en los que todos los ejemplares
son hembras, si se quiere optimizar el crecimiento, o lotes de
peces estériles, si se quiere evitar los problemas derivados
de la reproducción (una hembra que está en la etapa
reproductiva destina parte de la energía consumida a las
crías, con lo cual engorda menos).
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