Multiplicar los peces
Durante milenios, mientras se gestaba la consolidación del género humano, los homínidos recolectaron productos vegetales y cazaron animales para alimentarse y utilizar sus subproductos en infinidad de detalles que componían su vida cotidiana
Un paso que proporcionó al homo sapiens su elevación en la escala social fue cuando decidió que su vida estaba mejor asegurada si, en lugar de recolectar frutos, hierbas, raíces y bayas, sembraba las plantas que le proporcionarían una alimentación menos azarosa.
De igual manera, la domesticación de animales salvajes no solo le garantizó el suministro de proteína animal, sino que le permitió hacerse de valiosos aliados para cultivar y pastorear. Sin embargo, pese al impetuoso desarrollo de la civilización, durante todos estos milenios, y hasta hace apenas unos pocos años, el género humano continuó pescando en mares, ríos y depósitos de agua dulce, sin avizorar que la explotación de los productos pesqueros, especialmente los marinos, hasta entonces aparentemente inagotables, tenía también su límite. El crecimiento de la población humana y, como consecuencia, el incremento de las capturas de especies que habitan los océanos ha dado como resultado una dramática reducción de la biomasa marina, y hoy el planeta asiste a la escasez de un producto que durante mucho tiempo constituyó una barata, nutritiva y encantadora fuente de proteínas.








