AGRICULTURA

Política agraria: balance y perspectiva

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El fin de semana pasado realicé una gira de trabajo por las tierras altas de El Valle de Antón, en compañía de varios profesionales y con la guía del campesino Hilario García, miembro militante del PRD, en la que pude palpar el poquísimo avance y apoyo que reciben los agricultores de esa área, por parte del MIDA, en materia de asistencia técnica, crédito, titulación de tierras, comercialización y provisión de los servicios básicos.

Los campesinos de esa región son productores de hortalizas y venden sus productos en El Valle o Penonomé. Una de las muchas cosas que me llamaron la atención fue observar las plantaciones de tomate perita, atacadas severamente por la marchites bacteriana, enfermedad que destruye la casi totalidad de las plantaciones y como consecuencia se obtienen bajísimos rendimientos. Lo paradójico de ese hecho es que desde hace varios años nuestros técnicos agrícolas han desarrollado variedades de tomates resistentes a esa enfermedad.

Al preguntar a los productores por qué no usaban las nuevas variedades, la respuesta simple y asombrosa fue: "no conocemos la existencia de estas semillas" y de todos modos, decían: "no tenemos plata para comprarla".

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Una cosa tan simple como dotar de semillas adecuadas a los productores y enseñarles técnicas de abonamiento, para aumentar la producción no está disponible para los agricultores de las tierras altas de El Valle de Antón. Esta realidad también es extensiva a la mayoría de las comunidades pobres de campesinos e indígenas en el resto del país. La consecuencia de esto, son bajos rendimientos en la producción, ingresos familiares por debajo de la línea de pobreza con consecuencias desastrosas para los más necesitados.

Un balance más amplio de la situación del agro panameño revela que al margen de las altas cifras de crecimiento que reporta la economía, este sector sigue sin resolver problemas estructurales bastante graves, enfrentando a su vez un panorama muy complejo en el contexto internacional, con la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. La agricultura panameña sigue siendo la fuente primaria de empleo para más de un tercio de los panameños, pero con un ingreso promedio que ubican a la mayoría de los agricultores en situación de pobreza o pobreza extrema. Con altos niveles de fragmentación de la tierra, sin títulos de propiedad y una gran heterogeneidad tecnológica y ecológica, el agro panameño sigue siendo todo un reto y una posibilidad para la generación de empleo de calidad y poder tener un crecimiento económico realmente equilibrado.

A casi tres años de iniciado el presente gobierno, el agro sigue ocupando un modesto lugar en las asignaciones presupuestarias. El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (IDIAP) tiene una asignación insignificante para las investigaciones que promuevan el desarrollo de nuevas tecnologías. La banca agropecuaria se maneja con políticas estrictamente comerciales y ajenas a las posibilidades del hombre humilde del campo. Los técnicos del MIDA, de alta calidad en su mayoría, carecen de recursos para transportarse a las áreas de trabajo y tienen bajos salarios. El productor agropecuario es víctima del intermediario, que le paga precios por debajo de su costo de producción. En los últimos dos años se han logrado avances importantes en materia de titulación de tierra, electrificación rural y en el desarrollo de algunos programas de riego.