Agricultura sostenible: Acabar con el hambre no depende
del aumento en la producción de alimentos
En
un planeta capaz de dar lo suficiente, el reto de que todos puedan
hacer tres comidas diarias pasa por invertir la regla del cuanto
más, mejor.
La
solución pasa por mejorar la agricultura para favorecer
la diversidad. Los cultivos poco variados hacen al ser humano
más vulnerable a sequías, inundaciones o plagas.
En
los países enriquecidos, la agricultura intensiva en respuesta
al menor peso del sector agrario no favorece la diversidad en
otras zonas. Se utilizan productos químicos para aumentar
el rendimiento de los cultivos, aunque este sistema basado en
la producción por encima de las capacidades de la Tierra
resulte dañino para el medio ambiente. El excedente generado
se vende a los países empobrecidos a precios bajos, debilitando
sus mercados locales. De ahí que la diversidad peligre
donde más falta hace.
Se
trata de una relación de dependencia. Se ha consolidado
un mercado en el que lo importante es el beneficio. El agricultor
es esclavo de los intereses de las multinacionales a medida que
ganan terreno los derechos de propiedad intelectual sobre las
semillas. Las dificultades a la competencia y el pago de regalías
hace que los precios sean altos, algo incomprensible mientras
existe el hambre. |