AGRICULTURA

2008 la odisea del campo

Fuente : http://www.nuevoexcelsior.com.mx/main.aspx?

 

Heladio Ramírez, presidente de la Comisión de Desarrollo Rural del Senado, hace un recuento que no deja bien parado al TLCAN: 82.9% del campesinado en pobreza y con una perspectiva nada halagüeña hacia la apertura del próximo año.

El 1 de enero es una fecha que las generaciones futuras de campesinos en México recordarán por mucho tiempo. Les traerá a la mente dos sucesos que cambiaron el rumbo de sus antecesores y de sus descendientes.

El 1 de enero de 1994 entraron a un mercado global que les traería progreso y los llevaría al primer mundo, y el 1 de enero de 2008 entrarán a una apertura total para su sector estipulada también en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.


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La primera no les trajo el progreso prometido y la segunda los deja en la incertidumbre.

A ocho meses de la entrada en vigor de la anunciada apertura total, que incluye productos tan sensibles para México como el maíz, el frijol y la leche, empieza la cuenta regresiva para los productores mexicanos, quienes en lugar de encontrar voluntad para renegociar el tratado han encontrado un voluntarismo que los obliga a echar mano de todas sus armas para defenderse, aunque en este caso se trate de viejos tractores con 30 años de antigüedad o de cansados burros que no saben si ese día estarán arando su último surco.

“Ha sido una involución muy penosa y agraviante para la inmensa mayoría de los hombres y mujeres del campo. Los especialistas estiman que hoy, la pobreza campesina alcanza hasta 82.9 por ciento (de la población en el sector)...En el último sexenio se fueron a Estados Unidos más de dos millones de mexicanos.” Con estas cifras resume Heladio Ramírez, presidente de la Comisión de Desarrollo Rural del Senado, estos 13 años de TLCAN para los campesinos mexicanos.

La evaluación es desfavorable a todas luces para México. Ramírez, quien hace unos meses concluyó su periodo como presidente de la Confederación Nacional Campesina, asegura que la pregunta no es a qué sectores ha golpeado el tratado, sino más bien ¿qué le ha dejado a los campesinos más pobres?

Por cifras, no se detiene en ambigüedades y hace una evaluación muy precisa: desde que entró en vigor el acuerdo comercial, el gobierno mexicano ha elevado casi 500 por ciento el precio de los insumos que vende a los productores, especialmente energéticos como el diesel y la electricidad; dejó de producir amoniaco y urea, lo que obliga a importar fertilizantes.

Desde 1994, continúa citando cifras de INEGI, el sector perdió 2.5 millones de empleos, 600 mil de los cuales fueron en la producción de granos básicos. Cinco millones de campesinos, en su mayoría jóvenes, emigraron a las ciudades o a Estados Unidos.

Pero en el técnico mundo de las cifras hay más datos que permiten dimensionar los efectos del TLCAN en el agro mexicano: 40 por ciento de los porcicultores han abandonado la actividad, al igual que 24 por ciento de los productores de papa.

En el caso del arroz, a mediados de la década de los 80 se generaban 12 mil 500 empleos directos y 36 mil indirectos, mientras que actualmente sólo genera dos mil 800 empleos directos y nueve mil indirectos.

El presupuesto público dedicado al sector agropecuario se redujo 50 por ciento en relación con 1994, en contraparte, las importaciones de maíz han crecido 15 veces, en frijol se calcula una importación ilegal de 200 mil toneladas “y estamos invadidos de arroz tailandés triangulado por EU”.

“Los negociadores ignoraron las asimetrías abismales existentes entre los socios del tratado en materia agropecuaria no sólo en los aspectos tecnológicos, de escala, de clima, de infraestructura productiva e institucionales, sino principalmente en materia de apoyos y subsidios gubernamentales a la producción agropecuaria: muy altos y crecientes en los Estados Unidos y muy pobres y menguantes en México”, dice.