En tanto la industria cárnica nacional no resuelva problemas tan graves como la calidad y sanidad en los productos, ésta no podrá verse beneficiada por la apertura del capítulo agropecuario del TLCAN, cita El Semanario en su edición de hoy.
Y es que existen casos en los que productos que México exporta a otros países, no pasan la inspección sanitaria del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), ante la presencia de materia fecal, descomposición y material nocivo en la carne. Estas irregularidades producen, evidentemente, el rechazo definitivo de la mercancía en el exterior y su retorno al país de origen.
"Pero también hay rechazos temporales, cuando el exportador no cumple con la documentación o la calidad estipulados por el Departamento de Agricultura de EU (USDA, por sus siglas en inglés)", indica Marcela Fuentes, directora de puertos y aeropuertos del SENASICA.
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De acuerdo con José Luis Cruz, director de la oficina México del Consejo de EU para la Producción y Exportación Avícola (USAPEEC, por sus siglas en inglés), para poder exportar a EU, se necesita que la zona sea libre de la enfermedad de New Castle y que dentro de ésta se ubique al menos una planta que cumpla con los requisitos del FSIS (Food Safety and Inspection Service).
Si bien las medidas fitosanitarias de EU son muy similares a las de México, la limitante principal es que no se cumple con la construcción de las plantas.
Además, la exportación de carne desde México está concentrada en 100 plantas con aproximadamente 80% del mercado, según SENASICA.
Actualmente, Industrias Bachoco, S.A.B. de C.V. (BMV: BACHOCO) y la estadounidense Parson trabajan en la construcción de plantas que cumplan con los requerimientos del FSIS, permitiéndoles el acceso al jugoso mercado de EU.
La planta de la compañía mexicana, con capacidad de procesamiento estimada en 300,000 pollos semanales, estará ubicada en Hermosillo y tendrá por objeto certificar los productos bajo los criterios del USDA.
Pero el problema de sanidad está más enraizado; de los 2,000 rastros identificados en México, sólo 500 están certificados con normas TIF (Tipo de Inspección Federal), según Raúl de la Paz, presidente del Consejo Mexicano de la Carne (CMC). Es decir que tres de cada cuatro no cumplen con la normatividad.
En el caso de la industria bovina, los problemas a resolver no son menos graves.
La aplicación de hormonas y clambuterol (sustancia que retiene la orina del animal y lo aumenta de peso) en la alimentación clandestina de ganado, la falta de reformas a los rastros municipales y la trazabilidad aún son temas pendientes, indica Nelson Huerta, Director Técnico de la Federación de Exportadores de Carne de EU (USMEF, por sus siglas en inglés).
Además, la industria cárnica nacional todavía no cumple cabalmente con temas de calidad en los productos de exportación; el mercado estadounidense prefiere la carne bovina magra y marmoleada, pero en México se le da prioridad al volumen y la productividad, por lo que el ganado tiene mayor contenido de grasa que de carne.
Los cortes de carne bovina marmoleada tienen la característica de contar con programas de certificación, como las denominaciones angus beef, herdford beef y sterling.
con información de El Semanario