En su programa “Manos a la granja” el Inta dio instrucciones para iniciarse en la avicultura a nivel familiar, en particular la alimentación de los planteles.
Los alimentos son indispensables para lograr un crecimiento vigoroso y una posterior buena postura. Es importante conocer las tres categorías de alimentos disponibles, para garantizar una dieta balanceada entre proteínas, vitaminas y carbohidratos:
Constructores (proteínas): son fundamentales para el desarrollo de los músculos -carne- y la producción de huevos. Algunos de este tipo son las lentejas, arvejas, habas y la soja.
Reguladores (vitaminas y minerales): previenen enfermedades; el calcio y el fósforo son indispensables para la formación de los huesos y la cáscara del huevo. Como ejemplo, pueden nombrarse las papas, batatas, el maíz y el trigo.
Energéticos (carbohidratos y grasas): son los productores de energía, como la acelga, la lechuga, los huesos molidos y cáscaras de huevo.
Durante la cría -es decir, los dos primeros meses-, conviene que las pollitas se alimenten con raciones balanceadas, calculando el consumo en 2 kg por cabeza. Asegurarles esta dieta, además de calor y agua limpia, es también asegurar un buen comienzo para las futuras ponedoras.
En cambio, en el período de recría -entre el tercer y quinto mes- pueden alimentarse con cereales quebrados, restos de comida, pastos, hojas de verduras, semillas cocidas, lombrices y otros insectos. A partir del quinto mes -cuando el ave rompe postura- y hasta el final de su vida productiva, una gallina come 100 g por día, de los cuales un mínimo de 15 g de proteína son necesarios para producir un huevo.
Diariamente, 10 gallinas consumirán alrededor de 2 y 3 litros de agua. Esa cifra aumenta durante el verano, y debe procurarse que el agua sea fresca. El modo más apropiado de alimentar gallinas caseras es mediante la producción de los alimentos en la huerta familiar. Así, en forma económica, se podrán balancear los nutrientes que a diario debe comer una gallina.