La Higiene en Huevos y Derivados
José Juan
Rodríguez Jerez
La
manipulación inadecuada y la suciedad son los principales
factores de riesgo para la propagación de la salmonella.
Al igual que la leche, el huevo es un producto altamente nutritivo
que destaca por la calidad de su proteína. No obstante,
posee una elevada cantidad de colesterol. Desde hace tiempo,
este hecho ha condicionado su consumo, aunque actualmente esta
observación inicial no parece tener correlación
con un incremento en la aparición de problemas de tipo
cardiovascular.
Considerando
el producto como tal, los huevos de consumo son óvulos
de gallina, no fecundados, que poseen un envase natural, la cáscara.
Este envase, contrariamente a lo que considera la mayoría
de los consumidores, no supone ninguna medida de protección
o de seguridad, ya que se trata de una barrera totalmente permeable,
que permite el paso de cualquier microorganismo. Sin embargo,
tras la puesta, el huevo es normalmente estéril en su
interior.
¿A
qué se debe esta esterilidad? A la existencia de una fina
capa, invisible, que recubre completamente la cáscara
y que se denomina cutícula. Esta cutícula no es "inmortal",
es una capa muy sensible, que se elimina con la desecación
extrema, con la humedad, con la suciedad, el rozamiento y el
envejecimiento. Por tanto, cualquier manipulación que
suponga una agresión contra la cáscara, puede implicar
una pérdida de la cutícula.
En
las zonas en las que se produce la eliminación de esta
capa protectora quedan libres y al descubierto los poros de la
cáscara. Como consecuencia, los microorganismos que haya
en la cáscara pasarán al interior del huevo, contaminándolo.
Si en la cáscara hay restos de heces de la gallina, y
entre ellos hay salmonelas, habrá un paso de este microorganismo
hacia en interior del producto. Es por ello que es esencial poner
a disposición de los consumidores huevos limpios y libres
de restos de materia fecal. En caso contrario, el propio consumidor
debería reclamar y solicitar la devolución de su
importe o el cambio por otro producto en adecuadas condiciones
higiénicas.
Los
productos derivados o a base de huevo han sido, de forma tradicional,
los más frecuentemente implicados en brotes por Salmonella
y los de mayor riesgo sanitario. Entre estos derivados de huevo
hay que destacar las salsas y de entre ellas la salsa mahonesa.
La forma tradicional de elaboración parte de la utilización
de huevos frescos, batiéndolos, junto al resto de los
componentes de la salsa, en una batidora doméstica. Este
tipo de manipulación entraña riesgos sanitarios
por diferentes motivos: el huevo puede tener salmonelas en su
interior o en su cáscara, que pasan a la salsa durante
la preparación, o bien, la persona que la prepara es portadora
o vehicula el microorganismo desde diferentes productos o superficies
hasta la mahonesa final. La consecuencia es que nos encontramos
un microorganismo patógeno que puede proliferar si no
se siguen unas estrictas medidas de refrigeración.
La
mejor prevención es evitar el consumo de este producto
preparado de forma artesanal o casera y fomentar el consumo del
producto industrial, que ha sido pasteurizado (tratado por el
calor), con lo que se eliminan los microorganismos de riesgo.
Sin embargo, la mayoría de los consumidores siguen considerando
que la mahonesa casera es de mejor calidad, a pesar de que es
uno de los mayores riesgos de infección alimentaria en
nuestro país.
Como
norma general, siempre que el huevo se trate adecuadamente durante
el proceso de comercialización, se conseguirá el
mantenimiento de la cutícula durante el mayor período
de tiempo posible. Si en paralelo se impide la distribución
de huevos sucios, y se limita la elaboración de mahonesas
caseras, el riesgo de este producto será mínimo. |