En Puerto Rico los portavoces de la industria de la biotecnología no paran de decir disparates y usar argumentos insensatos y sin fundamento en su defensa de los transgénicos. Todos los años surge nueva información preocupante acerca de los riesgos de esta tecnología, información que por misteriosas razones no llega a la prensa del país.
¡Y dale con el tema de los transgénicos! Desde la publicación de mi libro Balada Transgénica en 2005 he publicado varios artículos y ensayos dándole seguimiento al tema, especialmente su efecto sobre la salud humana. Sigo machacando el tema por dos razones. Primero, en Puerto Rico los portavoces de la industria de la biotecnología no paran de decir disparates y usar argumentos insensatos y sin fundamento en su defensa de los transgénicos. Segundo, todos los años surge nueva información preocupante acerca de los riesgos de esta tecnología, información que por misteriosas razones no llega a la prensa del país.
Esta vez me veo motivado a responder a un artículo sobre transgénicos de Aurora Rivera Arguinzoni publicado en El Nuevo Día el pasado lunes 4 de junio, titulado “Ojo a lo Alterado”. Agradezco que la redactora me haya entrevistado como director del Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico y así dado la oportunidad de desmentir la desinformación de la industria. Pero tanto Rivera Arguinzoni como los otros entrevistados hicieron afirmaciones controvertibles a las que hay que contestar.
Tras afirmar que llevamos “décadas” consumiendo alimentos transgénicos, dice la redactora lo siguiente: “La comunidad científica asegura que los transgénicos son seguros y que su efecto a la salud y el ambiente ha sido seguido tan de cerca como los procesos de producción. Sin embargo, a la hora de mencionar estudios específicos los datos son inciertos y se amparan en el argumento de que se han consumido por décadas y “nada ha pasado”.”
En entrevista para el artículo la agrónomo Lucy Cruz, gerente de investigación de Monsanto Caribe, dice lo siguiente: “Hasta el momento no se ha encontrado que estos cultivos causen daño a la salud. Yo no te voy a decir que no pueda ocurrir porque en la vida ocurren tantas cosas”. Cruz también preside la Asociación de Investigación de Semillas de Puerto Rico, que representa las principales compañías semilleras, que en años recientes han pasado a ser subsidiarias de los gigantes corporativos de la biotecnología agrícola, como Monsanto, Dupont y Dow Agroscience.
Cruz expresó a El Nuevo Día que no está preocupada porque los transgénicos son rigurosamente regulados por tres agencias federales: la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), el Departamento de Agricultura (USDA), la Agencia de Protección Ambiental (EPA), y a nivel local por el Departamento de Agricultura de Puerto Rico.
Dice ella: “Hay científicos que por su cuenta realizan estudios y hacen sus análisis y hasta el momento no se ha encontrado nada que diga que estas plantas puedan afectar nuestra salud... No creo que la gente deba sentir miedo de consumirlos o que están siendo engañados o algo así porque realmente hasta el momento no se ha encontrado ni que causen daños al ambiente ni al alimento que llega a tu mesa”.
En el artículo en cuestión no podían faltar las palabras de John Fernández Van Cleve, decano del Colegio de Ciencias Agrícolas en el Recinto de Mayagez de la Universidad de Puerto Rico y defensor incondicional y acrítico de todo lo que sea biotecnología. El muy confiado y despreocupado declaró, con su usual condescendencia: “Entiendo que hay una serie de mitos que la gente no entiende (sobre el cultivo transgénico), y lo descarta inmediatamente... Hay gente que le coge miedo a esta tecnología”.
La redactora también entrevista a Glorisel Negrón, catedrática asociada del Servicio de Extensión Agrícola, quien constantemente visita comunidades y escuelas para “educar”. En sus presentaciones ella sostiene que desde siempre se han consumido alimentos modificados genéticamente mediante la selección de los mejores frutos y las mejores semillas.