Los biocombustibles contra el cambio climático han aumentado el hambre en el mundo
La rápida expansión de la producción mundial de biocombustibles, impulsada principalmente por las políticas medioambientales y contra el cambio climático de la Unión Europea y Estados Unidos, contribuyó decisivamente a la crisis alimentaria mundial de 2008 y al encarecimiento permanente de los alimentos, llevando al hambre a decenas de millones de personas, según denuncia un nuevo estudio de una ONG.
La organización internacional de ayuda contra la pobreza Actionaid, ha publicado un estudio titulado “El impacto de los biocombustibles en los pueblos y en el hambre mundial”. Las preocupantes conclusiones a las que llega acerca del futuro impacto de estos carburantes sobre la disponibilidad de alimentos y su encarecimiento se suman al creciente cuestionamiento internacional de las actuales políticas de apoyo a este tipo de agrocombustibles.
El lunes día 8 varias ONGs han presentado una demanda ante el Tribunal General de la UE, contra la Comisión Europea por violar las normas europeas de transparencia por negarse a hacer públicas 8.000 páginas de estudios sobre los biocombustibles que, al parecer, confirman muchos de los efectos contraproducentes que están siendo denunciados estos años. El estudio de Actionaid expone que durante la primera década de este siglo, el gran crecimiento de los biocombustibles se ha basado en el empleo como materia prima de alimentos agrícolas tales como el maíz, el trigo, la caña de azúcar y semillas oleaginosas como la colza y la soja y el aceite de palma. Se trata de los agrocombustibles de primera generación. Su producción mundial se ha multiplicado 3,5 veces desde 2000, hasta alcanzar 70.000 millones de litros en 2008.
Este rápido desvío de producciones agrícolas para usos energéticos, contribuyó decisivamente a la subida de los precios internacionales de los alimentos en 2007 y 2008, causando la crisis alimentaria internacional. El índice mundial de precios de los alimentos (FAO) aumentó 75% en dos años.
El Banco Mundial estimó que dicha crisis ocasionó 100 millones de nuevos pobres. Organizaciones como la OCDE, el Fondo Monetario Internacional y la FAO han considerado que entre el 30% y el 50% del aumento de los precios de los alimentos fue debido a los biocombustibles.
Como afirma el estudio en cuestión “los biocombustibles no son algo nuevo; Brasil y EEUU los llevan produciendo”, en pequeñas cantidades, desde los años 80. Lo que ha disparado la producción de estos nuevos carburantes durante la pasada década han sido las políticas gubernamentales de apoyo adoptadas por las principales economías, principalmente la Unión Europea y Estados Unidos, por razones medioambientales y de lucha contra el cambio climático.
La UE se propuso para 2010 el objetivo de que el 5,75% de los combustibles vendidos, procedieran de materias vegetales. Este objetivo suponía multiplicar por 25 la cifra de 2000, que era sólo 0,2% .
La UE y sus estados miembros, además, pusieron en marcha cuantiosos programas de incentivos financieros y fiscales a la industria europea de biocombustibles, con el propósito de ocupar una posición destacada en el mercado internacional. Según Actionaid, en 2006 los apoyos financieros en la UE ascendieron a 4.400 millones de euros y han continuado creciendo.
Por otra parte, según Actionaid, que está presente en 42 países en desarrollo, “la industria de agrocombustibles está teniendo desastrosos impactos en la seguridad alimentaria y en los derechos sobre la tierra” en infinidad de comunidades.
Al ser muy insuficiente el aprovisionamiento de materias primas para la producción de biocombustibles en la UE, su mayor parte está siendo importada. De acuerdo al informe “compañías europeas han adquirido o están tramitando la compra de cinco millones de hectáreas en países en desarrollo para la producción de agrocombustibles -un área equivalente a la de Dinamarca-“. Esta nueva demanda está empujando al alza el precio de la tierra, desplazando a poblaciones y fomentando la deforestación de amplias zonas de selva tropical en Brasil, Indonesia, Malasia y en países africanos.
De cara al futuro la Unión Europea aprobó en 2008, dentro de su paquete climático, una intensificación de la política de apoyo a los biocombustibles, de forma que en 2020 deberán representar el 10% de los carburantes para el transporte.
Por esta razón, el informe concluye que “nos encontramos en una encrucijada. O bien reconocemos ahora los problemas inherentes a la producción industrial de biocarburantes, o damos paso a un futuro en el que el hambre aumente entre los pobre”.
Para evitar esta sombría perspectiva, la ONG propone que la UE reconsidere sus actuales políticas de expansión y subvención del uso de los biocombustibles, llegando a proponer una moratoria en su aplicación.
Todo indica que la Unión Europea se precipitó la pasada década al introducir estas nuevas políticas y desarrollarlas a un ritmo desmedido, sin evaluar suficientemente las posibles consecuencias sociales, alimentarias y económicas que podrían ocasionar y, enfrentada ahora con graves problemas se enroca en sus posiciones, pretendiendo minimizar los inconvenientes y eludir sus responsabilidades, lo que no crea las condiciones para llevar a cabo un debate amplio para la rectificación de sus programas en favor de los biocombustibles.
Fuente: http://www.cope.es/sociedad/15-03-10–biocombustibles-cambio-climatico-han-aumentado-hambre-mundo-148588-1








