La sociedad mexicana se encuentra inmersa en graves problemas que van desde la falta de educación, la salud, el empleo, la impartición de justicia, el sobrecalentamiento global, el desempleo y la tragedia en el campo.
Los mencionados problemas obedecen a situaciones de incompetencia y corrupción y al cambio climático, ya que tan sólo este año el norte del país dejará de recibir lluvias por el 20% con respecto al año próximo pasado. En tanto, los problemas derivados de la contaminación serán de un 80% en las 300 cuencas hidrológicas, que sumado a la terrible deforestación agudizarán la prolongada sequía.
La falta de agua en lo sucesivo será un constante problema, no sólo por el crecimiento demográfico y la sobreexplotación de los mantos acuíferos, sino además por el mal uso del agua en las tareas agrícolas, las fugas en redes de distribución y la falta de tratamiento de agua, que son factores que inciden en la escasez del preciado líquido y que a su vez nos traslada a la crisis de alimentos, que por supuesto está generando una peligrosa pérdida de soberanía alimentaria.
Recientemente, la Confederación Nacional Campesina advirtió que “el país se encuentra al borde de una crisis alimentaria” (La Jornada, 17 de agosto, p.7).
La producción del ciclo primavera-verano será muy pobre, y la producción de los cereales (maíz, trigo, frijol, cebada) es de las más afectadas, como ilustra tan sólo la caída en la producción del maíz y del frijol: obvio, sus precios se dispararon en detrimento de los salarios y el consumo.
La crisis en el campo alcanza niveles impresionantes no sólo por la falta de insumos y recursos para la producción, sino por la sequía, ya que el 50% de los cultivos sembrados se perdieron completamente. En tanto, las autoridades agrícolas no quieren percatarse de la tragedia.
La situación obliga a impulsar la soberanía alimentaria y a que no haya más recortes al presupuesto del campo para el próximo año.
Las opciones que el gobierno federal ha escogido son de alto riesgo, ya que en vez de enfrentar la crisis económica se ha militarizado al país, descuidando otros aspectos del desarrollo nacional, que están propiciando la migración y el abandono del campo mexicano.
Durante la campaña electoral del actual presidente Barack Obama, el presidente de México expresó: “revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte”. Sin embargo los hechos dicen lo contrario, ya que es necesario revisar el capítulo agropecuario del mencionado tratado, sencillamente porque la realidad así lo exige. Basta saber que lloverá menos cada día y que en el norte del país se prevé una caída radical del 50% del agua.
Lógicamente, sin agua, sin cultivos ni brazos trabajando, la obligatoriedad del TLC implicará importar a como dé lugar, sin transferir recursos para apoyar a los productores rurales o mejorar la competitividad y elevar el nivel de vida de las familias rurales; por el contrario, la prospectiva es mucho más perniciosa, porque se prevé una total apertura a la importación de alimentos.
Después de 15 años, es posible asegurar que existe devastación en el campo: se perdió la autosuficiencia alimentaria y se generó despoblamiento en las comunidades, ya que sólo viven en ellas ancianos y niños.
De continuar esta tendencia, la subordinación y el subdesarrollo es lo único seguro que tenemos. Por ello, es fundamental que la sociedad juegue un papel más decisivo, pues de lo contrario los gobiernos sólo avalarán los efectos nocivos del neoliberalismo en el campo mexicano.
Fuente: http://www.mpuebla.com/opinion.php?id=782
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