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Luis Pasteur

Luis Pasteur
(1822-1895)

Nació en Dôle, Francia en 1822. Su padre había sido soldado de Napoleón. Al dejar el ejército puso una curtiduría y en ella transcurrió la infancia del pequeño Luis (Louis en Francés). Tal vez por esta circunstancia al llegar a mayor eligió la carrera de químico. Pero Pasteur estaba llamado a lograr la gloria en el campo de la medicina. Por eso, aunque no fue un médico, frecuentemente se le cita entre los más grandes médicos que han existido.

No puede darse vida más laboriosa y fecunda que la suya. Solía decir que el único secreto de su ciencia estribaba en su divisa: "Trabajar, siempre trabajar". Murió en septiembre de 1895, pero su obra vive en las vidas de las gentes curadas gracias a sus descubrimientos (Fragmentos de "El Tesoro de la Juventud", Tomo X, P: 288-291, W. M. Jackson, 1965, México).

>>>El siguiente gran extracto fue tomado de: Kruif (Paul de), quien nació en 1890 en Michigan, E. U., descubridor del antídoto contra intoxicaciones por gases asfixiantes en la primera guerra mundial, realizó experimentos en el Instituto Pasteur, en el Rockefeller, en el de Dijón, director de los periódicos Christian Herald y Stanley High, organizador de los programas culturales de la Natnl. Broadcasting Comp., autor de "Los Cazadores de Microbios" (que en su pórtico a la edición del IPN dice: "las sólidas bases logradas por aquellos tenaces genios que llenaron sus vidas de fe, de constancia y de honradez, hombres que sólo con su fe lograron identificar y abatir a los microorganismos nocivos, su sola lectura nos conmueve y anima), obra en la que se dedican dos capítulos, de los doce en total, a Luis Pasteur: p: 42-78 y p. 106-134, en la edición del Instituto Politécnico Nacional (IPN), 1996, >260 p. México:

Pasteur demostró ser mucho más útil que Leeuwenhoek y que Spallanzani, puesto que realizó magníficos experimentos y poseía, además, un arte especial para presentarlos de manera que interesasen vivamente a todo el mundo.

A estas alturas se enfrentó Pasteur con una pregunta ineludible, una cuestión muy añeja que tarde o temprano había de surgir: ¿De dónde proceden los microbios?.

Pasteur, lo mismo que Spallanzani, no podía admitir que los microbios procediesen de la materia inerte de la leche, o de la manteca. ¡Era seguro que los microbios debían de tener progenitores!. Pasteur era un buen cristiano, y aunque es verdad que vivía entre los sabios escépticos de la margen izquierda del Sena, no le afectaban en lo más mínimo las dudas de sus colegas.

Empezaba a estar de moda la Teoría de la Evolución, ese mitológico poema que nos pinta a la vida así: "como partiendo de una sustancia informe, un limo vaporoso en estado de agitación desde hace millones de años, que va resolviéndose en una ordenada procesión ascendente de seres vivos hasta llegar al mono y, por último, como si fuera el paso triunfal, al hombre". En la Teoría de la Evolución no es necesaria la existencia de un Dios para iniciar este desfile ni para dirigirlo; las cosas simplemente sucedieron así: "así no más por sí solas", decían con altivos aires de suficiencia los nuevos filósofos evolucionistas sin Dios.

 

 
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