El misterio de la felicidad
Por Teresa Aguirre. revista NEO
¿Creés
que la felicidad la trae el dinero, el amor o la salud? La clave
está en cómo te relacionas contigo mismo y con
los otros. Para estar satisfecho con la vida hacen falta optimismo,
hormonas anti-stress, autonomía, emociones positivas,
dopamina, endorfinas y creatividad. Todo mezclado con el último
grito de la moda: resiliencia. Y mucha risa.
Buenas
noticias: podés tomar el control de tu propia felicidad.
O
de un buen porcentaje de ella. Al menos así lo muestra
el boom de investigaciones científicas que la tienen como
target.
Aunque
con distintos nombres y abordajes, la búsqueda de la felicidad
viene insistiendo entre filósofos y optimistas de diversos
credos desde hace siglos. Sin embargo, la nueva reivindicación
surgió apenas unos años atrás, cuando un
grupo de psicólogos norteamericanos, hartos de transitar
los pasillos de la depresión, la angustia y las fobias,
decidieron enfocar su mirada científica en la dirección
del lado menos oscuro de la salud mental. Así nació la
Psicología Positiva, con Martin Seligman -de la Universidad
de Pensilvania y ex presidente de la Asociación Norteamericana
de Psicología- y Edward Diener -de la Universidad de Illinois-
a la cabeza. Explotar el costado placentero de la vida, comprometerse
con lo que uno hace y encontrarle un sentido existencial trascendente,
son los tres caminos que conducen a la Autentica Felicidad, tal
el título del libro de Martin Seligman.
La
receta es salir de uno para ocuparse de otro, mediante gestos
de gratitud y generosidad, tal como los que describen quienes
realizan tareas de voluntariado en iglesias, hospitales, escuelas,
barrios humildes. Lo que parece hecho para otro se convierte
en un bumerang que los conecta con un sentido de trascendencia
que muchos definen como el encuentro. En este sentido, cada vez
más investigaciones revelan que las creencias religiosas
son un capital fundamental a la hora de no desbarrancarse ante
los problemas.
Pero, ¿cómo recortar algo tan etéreo como la felicidad?
Científicos estadounidenses definen la felicidad como “satisfacción
con la vida” y así la investigan.
¿Se
nace o se hace feliz?
Uno de los primeros límites que tuvieron que salvar, en defensa
del nuevo campo del Tú-Puedes-Ser-Feliz, fue el determinismo genético
de la felicidad que había sido promulgado en 1996 por David Lykken
y Auke Tellegen, de la Universidad de Minnesota, en los Estados Unidos.
Estos genetistas del comportamiento indagaron a 2.300 mellizos y concluyeron
que el 50% de la satisfacción personal con la vida viene escrita
en el ADN. El dinero, el estatus matrimonial, la religión y la
educación aportarían apenas un 8% a la cuenta de la felicidad.
El 42% restante quedaría librado a los vaivenes de la vida.
Lykken
avanzó un paso más y postuló que nuestro
estado de ánimo tiene un punto de equilibrio al que siempre
regresamos. Este estado básico de felicidad/infelicidad
no se modifica con hechos excepcionales como puede ser ganarse
la lotería. Pasado un tiempo de júbilo inicial,
como un eterno retorno de lo igual, se vuelve al mismo nivel
de satisfacción.
Un
estudio realizado por los fundadores de la Psicología
Positiva y publicado el año pasado en la revista Psychological
Science concluyó: “El estatus económico no
define el bienestar de una nación”. Es más:
la carrera del consumo, la fama y el dinero demostró ser
la puerta de entrada a emociones displacenteras y frustrantes,
depresión y ansiedad, según el psicólogo
Tim Passer. Como muestra: Angelina Jolie, a pesar de su apellido
alegre, anduvo flagelándose por la vida hasta que adoptó un
niño (y lo enganchó a Brad Pitt). Payasos como
el Dr. Patch Adams suelen ser unos amargos y, acá mismo,
sobran los ejemplos de humoristas hundidos en la desesperación,
como el gran Olmedo.
El
psicoanalista norteamericano Michael Guy Thompson aportó la
frutilla del postre: “A pesar de la prosperidad que disfrutamos
los norteamericanos, con un nivel de vida que es la envidia del
mundo, cada año gastamos millones de dólares en
antidepresivos y ansiolíticos; y aunque son efectivos
para aliviar nuestro sufrimiento, poco es lo que pueden hacer
para convertirnos en seres humanos más felices”.
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