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Steve Scaroni, agricultor californiano, miró a través del exuberante campo de lechuga aquí (en Celaya), en el centro de México, y le gustó lo que vio: grandes cuadrillas de jornaleros mexicanos trabajando el campo sin problemas de inmigración.
Agricultor desde su adolescencia, Scaroni, de 50 años de edad, erigió un negocio de 50 millones de dólares con el cultivo de lechuga y brócolis en los campos de California dependiendo de las manos de trabajadores inmigrantes, en su mayor parte mexicanos y muchos, probablemente, en Estados Unidos de manera ilegal.
Sin embargo, a principios del año pasado él empezó a trasladar una parte de su operación a campos alquilados en esta localidad. Actualmente, más o menos 500 mexicanos cuidan de sus cultivos en México, en donde no corren riesgo alguno de ser deportados.
“Soy tan estadounidense como se puede ser”, dijo Scaroni, “pero estoy cansado de pelear en la lucha relacionada con el tema de la inmigración”.
Prevalece un sentido de crisis entre agricultores estadounidense que dependen de jornaleros inmigrantes, incluso más desde que se vino abajo una legislación de inmigración en el Senado estadounidense, en junio pasado, y las autoridades anunciaron una severa aplicación de medidas en contra de empleadores que contraten inmigrantes indocumentados. Hay cada vez más agricultores que han estado probando la alternativa de tener cultivos al otro lado de la frontera, donde están muchos de los trabajadores, según cultivadores y legisladores tanto en Estados Unidos como en México.
Cultivadores Occidentales, asociación que representa a agricultores de California y Arizona, llevó a cabo un sondeo telefónico de sus integrantes en la primavera. Dos grandes agronegocios que reconocieron tener operaciones en México reportaron un total de 11 mil trabajadores aquí.
“Todo parece indicar que hay una fiebre mayor hacia México y otras partes”, comentó Tom Nassif, el presidente de Cultivadores Occidentales, quien dijo que los estadounidenses también están cultivando en países de Centroamérica.