Porcicultores: hacia una producción sostenible
Más del 75 por ciento de la carne de cerdo producida en Sancti Spíritus durante el 2009 correspondió al sector cooperativo-campesino. Los porcicultores de la provincia muestran experiencias válidas para lograr una producción sostenible.
Amanece y Paco Ríos apenas ha dormido. Sin embargo, la falta de sueño no le quita ni un ápice de destreza a este porcicultor, que ahora toma en sus manos un cerdito recién nacido, mientras a sus pies, echada, la puerca madre no demorará en traer al mundo otro animalito.
“En estos días deben de parir siete puercas y ya lo han hecho tres”, comenta Paco. “Por eso esta semana nadie se ha movido de mi casa y toda la noche permanecemos con los oídos atentos, porque si “grita” un puerquito hay que venir inmediatamente, o corres el riesgo de que la madre los aplaste”.
La dedicación del cabaiguanense Paco Ríos es, con toda seguridad, su mejor recurso para criar con éxito más de 200 cerdos y cumplir sus planes de entrega de carne al Estado.
Él es uno de los más de 1300 espirituanos que han establecido convenios con la Empresa Porcina de la provincia, y luego de varios años de labor, considera que se trata de una opción válida para aumentar la producción de carne de cerdo.
Cuando se inició la experiencia, sólo existían los convenios de ceba comercial. La Empresa Porcina suministra a los productores cerdos con unos 18 kilogramos de peso y aproximadamente el 70 por ciento del alimento (pienso). Luego de cinco meses, el productor debe entregar esos animales con un peso mínimo de 80 kilogramos.
Posteriormente se establecieron los convenios de reproductoras, mediante los cuales el productor recibe 15 toneladas de pienso por cada hembra, con el fin de que entregue tres toneladas de carne por cada una.
Ese es el tipo de convenio que suscribió Paco Ríos, quien piensa exactamente lo mismo que Luis Alberto González, otro campesino de Cabaiguán que se ha metido de lleno en el mundo de la porcicultura: sin comida no hay cochiquera que prospere.
“No debemos depender solamente del pienso para la alimentación de los animales”, asevera Luis Alberto. “A veces, los problemas de la economía impiden un suministro estable de pienso, por eso la clave está en la siembra de yuca, boniato, caña, y a la vez aprovechar los residuos de las cosechas de otros cultivos”.
Noel González, otro porcicultor, asegura que sus cerdos comen mucho forraje, pero el 40 por ciento del alimento que él suministra consiste en un yogurt de yuca y boniato elaborado en su propia finca.
Con alternativas como esas, los productores del sector no especializado de Sancti Spíritus, aportaron el pasado año más del 75 por ciento de la carne de cerdo de la provincia. Para ello contaron con el asesoramiento de la Empresa Porcina, cuyos especialistas trasladan a los porcicultores conocimientos básicos tanto para la obtención de alimentos y semillas, como para la confección de balances alimentarios.
Sin embargo, los porcicultores no sólo se interesan por la comida de los animales. Ellos, con recursos propios, han mejorado paulatinamente la infraestructura de sus cochiqueras.
“Yo he creado un centro de maternidad”, dice con orgullo Noel González, quien tiene desde hace varios años un convenio de reproductoras. “Lo que hice fue poner a un lado cepos para mantener a las puercas de forma independiente, y así controlar su alimento y evitar que se maltraten entre ellas. Luego, cuando están a punto de partir, las traslado a las “maternidades”, donde he tomado precauciones para que no aplasten a las crías ni les quiten su comida”.
Otros productores que han criado sus cerdos en estado natural, ahora reciben una dosis de pienso que entrega la Empresa Porcina. Así aportan carne, mediante los llamados “convenios de ceba terminal”.
Los convenios porcinos no sólo propician el aumento de la producción de carne. Muchos productores han instalado biodigestores para el tratamiento de los residuales de los cerdos, y así obtienen otros beneficios.
“Yo diría que el biogás es un sedante para las mujeres que cocinan en el campo”, dice sonriente Paco Ríos. “Aquí en la casa toda la comida se elabora gracias al biogás, y también se hierve la ropa y se calienta el agua”.
Por sus favorables resultados, el sector cooperativo-campesino continuará aportando los mayores volúmenes de carne de cerdo en Sancti Spíritus. Ya se habla incluso de otras modalidades: el convenio familiar (con pocos animales), el convenio sin recibir alimentos, y el convenio al destete. Pero en cualquiera de las variantes, la fórmula para el éxito será la misma de Paco Ríos.
“Hay que vivir todo el tiempo prendido de esto”, sentencia, mientras sopla, con delicadeza, el hocico de otro cerdito recién nacido.








