La exportación desde los países pobres se encuentra, a pesar de los tratados comerciales, con las trabas de la falta de competitividad y de los subsidios que las naciones ricas otorgan a sus productores.
Para comprender mejor esta problemática, es necesario hacer un recorrido en el tiempo.
La OMC (Organización Mundial de Comercio) se creó en 1995 como organismo sucesor del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio).
Está conformada por 149 países y se ocupa de las normas que rigen el comercio internacional, además de resolver las diferencias que surgen en su desarrollo.
Desde 1949 se han celebrado 8 rondas de negociación entre estos países.
Los objetivos principales eran el reducir los aranceles para los bienes industriales y la creación de acuerdos antidumping para luchar con las prácticas desleales de comercio.
Llegamos a la Ronda de Doha, celebrada en noviembre del 2001, donde se trató de mejorar las condiciones para los países en desarrollo.
Dentro del paquete de negociaciones se incluyeron los bienes agrícolas, los medicamentos, los bienes no agrícolas y los servicios.
Las claves más importantes de la discusión en la Ronda de Doha -ciudad del golfo Pérsico- se basaron en dos elementos: el primero era la reducción de aranceles en los países desarrollados para que los productos de los países pobres pudieran entrar en ellos con menores barreras; el segundo era la eliminación de los subsidios a la producción interna (dumping), refiriéndose a los apoyos que algunos países desarrollados dan internamente a sus productores.
Lo que se pretendía demostrar era que los países desarrollados, con su poder de compra y de ingresos, pueden dar mayor cantidad de subsidios para sus productores.
Esto se convierte en un problema, porque al darles ese apoyo, pueden vender en el mercado internacional a un precio menor que los países pobres, los cuales no tienen capacidad de otorgar subsidios internos similares.
De esta forma quedaba evidenciado que se trataba de una competencia desigual.
Hay diferentes ayudas a la exportación que se otorgan en los países ricos a sus productores agrícolas, como por ejemplo tener fácil y rápido acceso a líneas de crédito subsidiadas. Por ello pueden exportar a un precio más competitivo, en comparación con los países pobres.
Aunque los exportadores pobres consigan la reducción de aranceles, mientras existan los subsidios no puede competirse en igualdad de condiciones.
Bajar los aranceles mediante tratados de libre comercio es una sola parte del problema. A ello se suman otras desventajas como la falta de competitividad, o el precio de la energía y del transporte, casos presentes en República Dominicana.
Paradójicamente, los países pobres -siguiendo la dinámica de los tratados comerciales- han debido bajar los aranceles para que entren productos subsidiados y no subsidiados procedentes de los países desarrollados.
Estados Unidos y la Unión Europea son los dos grandes bloques donde los subsidios internos y los subsidios a la exportación son los más altos, junto con otros países como Japón y Suiza.
Estos bloques están eliminando solo parcialmente los subsidios a la exportación en ciertos productos y establecen largos plazos para la reducción de otros.
La proclama general de los críticos latinoamericanos a los tratados comerciales es que se quedan cortos y que contienen limitaciones claves que hacen que su aplicación sea desigual. Con respecto a los subsidios, lo que los países en desarrollo argumentan es que hay que eliminarlos rápidamente.
Las actuaciones de la OMC, el FMI y el Banco Mundial no son contundentes a la hora de reclamar acciones definitivas a los países ricos, por lo que en más de una ocasión se ha puesto en evidencia lo que sus críticos denominan “proteccionismo” hacia estos países.
Si República Dominicana elimina sus subsidios a la energía, al combustible, los agrarios, y no contara con los de las zonas francas, la viabilidad económica del país sería poco posible. El problema radica en que la capacidad recaudatoria de la nación hace difícil mantenerlos en el tiempo.
A ello se suma la elevación del precio del petróleo, el alza de las materias primas y otros elementos de producción, como fertilizantes. Es una tarea complicada para un gobierno.
Reglas que se establecen para países pobres, ricos no actúan igual
Contrario a lo que pregona la OMC respecto al desarrollo de los países de economías pequeñas, el destacado ideólogo Noam Chomski expresa con respecto a las normas sobre aranceles y subsidios que “las reglas son para los países pobres; los ricos hacen más o menos lo que se les antoje”.
Algunos críticos señalan que los acuerdos de libre comercio pueden mejorar las condiciones a los productores de los países en desarrollo que disponen de competitividad y medios para sus empresas, pero no a los pequeños productores agrícolas y empresas menores.
Otra voz relevante ha sido la del presidente brasileño Lula da Silva, quien manifestó en la pasada cumbre de la FAO que la solución a la actual crisis pasa por “producir más y mejor”, pero también por doblar el codo de los países ricos en el pulso que desde hace años se mantiene en la Ronda de Doha. “Europa y Estados Unidos tienen que ceder y quienes tienen que ganar son los pobres”, ha declarado Lula.
En ese marco, ha instado a “acabar con el proteccionismo” agrícola, eliminar los subsidios y a adoptar la seguridad alimentaria “como política de Estado global”, porque “las estructuras actuales” del comercio no están hechas para incluir, sino para “relegar a los más pobres a la miseria”.
Los países desarrollados destinan más de 500 mil millones de dólares anuales a subsidios para la producción de carne, leche, azúcar, maíz, trigo, arroz, frijol, habichuelas, tomates, remolacha y algodón, entre otros productos agrarios.
Además los productores tienen acceso a créditos baratos por ser subvencionados en sus intereses y condiciones.
Los cortadores de caña de azúcar centroamericanos y los haitianos que trabajan en República Dominicana ven desvanecerse las posibilidades de obtener salarios más justos por los subsidios que reciben los remolacheros de Europa.
Un aparente cambio en la política de subsidio de la Comunidad Europea parece representar un elemento favorable para la producción azucarera dominicana, al asignársele para el futuro próximo una cuota de 100 mil toneladas para el mercado europeo.
A pesar de ser 149 los países miembros, las decisiones están realmente concentradas en la élite del poder económico, constituida por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.
Según los críticos, el resto de países de la Organización Mundial de Comercio ejercen a una posición de observadores, por lo que el “consenso” de las cumbres comerciales que se realizan no es más que una imposición de reglas.
Otro aspecto que señalan sus detractores es que las decisiones son claramente excluyentes y dañinas para los pueblos con débiles economías, como ocurre con algunos países del Caribe.
Por último se denuncia que la agenda de la OMC es determinada por las grandes corporaciones transnacionales con el único y supremo fin de garantizar sus intereses.
Algunas instituciones denuncian que gran parte de la subida en los precios de productos como el maíz no se debe al incremento de la demanda, sino que se trata de un alza artificial y responde a las ayudas que reciben los agricultores de los países ricos. “El apoyo de la Administración estadounidense a la producción de biocarburantes en 2006 se situó en 8,520 millones de dólares.
Con las políticas actuales, la industria obtendrá en forma de subsidios más de 100,000 millones en el período comprendido entre 2006 y 2012”, según el informe Biocarburantes, ¿a qué precio?, elaborado por el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible en España.
Con estas ayudas, no es de extrañar que en Estados Unidos se haya plantado este año la mayor cosecha desde la II Guerra Mundial.