Sí a los lácteos aunque no se tolere la lactosa
Los
niños con intolerancia a la lactosa no deberían
suprimir de su dieta diaria todos los productos lácteos,
ya que necesitan el calcio y vitamina D que contienen para garantizarles
un desarrollo saludable. Es la nueva recomendación emitada
por la Academia Americana de Pediatría. Este trastorno,
más frecuente a partir de los dos o tres años,
afecta a la mucosa intestinal y se produce debido a una deficiencia
de la enzima (lactasa) que procesa la lactosa, el principal carbohidrato
de la leche.
Los
pequeños 'intolerantes' experimentan dolor abdominal,
diarrea, distensión del abdomen y flatulencia y pueden
sufrir pérdida de peso y malnutrición. A pesar
de ello, los expertos afirman que, en la mayoría de los
casos, no es necesario prescindir completamente de este grupo
de alimentos y que puede consumirse diariamente cierta cantidad
sin riesgos. Ésta dependerá de la severidad del
trastorno.
El
problema es que gran parte de los padres retira no sólo
la leche sino todo tipo de lácteos a sus hijos y, otros,
confunden el trastorno con un problema alérgico, lo que
constituye un error. A diferencia de las alergias alimentarias,
la intolerancia a la lactosa no empeora si se mantiene el consumo
de leche y la mayoría de los pequeños puede tomar
uno o dos vasos sin experimentar síntomas o sustituirlo
por otros lácteos como el yogurt o el queso. Prescindir
totalmente de este grupo alimenticio puede acarrear consecuencias
para la salud, ya que, aunque se consuman otros productos ricos
en calcio (verduras, leche de soja enriquecida...), no se alcanza
el aporte idóneo de este mineral.
Fuente:
Elmundo.es
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