La Causa de la Intolerancia a la Lactosa
Según
un nuevo estudio, la intolerancia a la lactosa que un amplio
sector de la población mundial sufre, parece vinculada
a la supervivencia de sus ancestros en entornos con clima hostil
y enfermedades del ganado vacuno. En efecto, un estudio de la
Universidad de Cornell ha descubierto que los antepasados de
quienes tienen la capacidad de asimilar la leche, provenían
de lugares donde era posible la cría segura y económica
de rebaños lecheros, como fue el caso de muchos lugares
en Europa.
Por
otro lado, la mayoría de adultos cuyos antepasados vivieron
en ambientes muy cálidos o muy fríos, inadecuados
para la producción láctea, o en lugares donde estuvieron
presentes enfermedades mortíferas del ganado antes de
1900, como en África y muchas partes de Asia, no tienen
la capacidad de asimilar la leche después de la infancia.
El biólogo evolucionista Paul Sherman, profesor de neurobiología
y comportamiento en Cornell, resalta que éste es un caso
espectacular de cómo la evolución cultural, en
este caso la domesticación de ganado, ha guiado nuestra
evolución biológica.
Aunque
todos los mamíferos beben leche materna en su infancia,
los humanos son los únicos que la beben siendo adultos.
Pero la mayoría de personas, cerca del 60 por ciento,
y particularmente los de ascendencia asiática y africana,
dejan de producir lactasa, la enzima requerida para asimilar
la leche, conforme envejecen. Las personas de ascendencia noreuropea,
sin embargo, tienden a conservar la capacidad de producir la
enzima y beben leche toda su vida. Sherman y Gabrielle Bloom
recopilaron datos de intolerancia a la lactosa (la incapacidad
para asimilar productos lácteos) en 270 indígenas
de poblaciones africanas y euroasiáticas en 39 países.
En
promedio, Sherman y Bloom encontraron que el 61 por ciento de
las personas estudiadas eran intolerantes a la lactosa, con un
porcentaje de tan sólo el 2 por ciento en Dinamarca y
hasta el 100 por ciento en Zambia. También comprobaron
que la intolerancia a la lactosa decrece al aumentar la latitud
y se incrementa con el aumento de temperatura, especialmente
cuando hay dificultad en mantener rebaños lecheros de
una manera segura y económica. El estudio de Sherman concluye
que los adultos de Europa pueden beber leche porque sus antepasados
vivieron en un entorno donde los rebaños lecheros eran
una fuente habitual de alimento, y ello acabó propiciando
mutaciones genéticas que mantienen la lactasa en la edad
adulta. Información adicional en: Cornell
University.
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