Los principios de la permacultura como base del diseño general del espacio se basan en el uso armonioso de la tierra y de los flujos de energía, el buen diseño de las construcciones naturales, y una organización social y económica comunitaria. La permacultura consiste en un cierto concepto “posmoderno”, en el sentido de intentar ir más allá de los paradigmas científico-técnicos de la modernidad; en esta disciplina todos los principios están abiertos a diferentes sistemas y tradiciones susceptibles de ser combinados experimentalmente sin estar atados a ninguna estética o tradición consagrada.
En el escenario de un mundo de creciente escasez energética, la permacultura podría sentar las bases para una sociedad más frugal y una cultura de adaptación descendente en el consumo de energía, desarrollando estrategias que combinen creativa y modularmente elementos y lógicas de la modernidad, con otras que surgen de una observación meticulosa de la naturaleza y del rescate de las culturas premodernas, creando así nuevos diseños, nuevas soluciones.
Las propuestas agrícolas de la permacultura experimentan con cultivos nuevos y marginales que pueden sustentar agrosistemas de mínimo uso de energía. El sistema está basado en la observación cuidadosa del agro ecosistema. A diferencia de la agricultura industrial, que intenta alterar y reprimir artificialmente los ciclos naturales y un control represivo de la biodiversidad, la permacultura es pro diversa y procíclica, fundando su fortaleza en la imitación, adaptación y uso en beneficio propio de los ritmos e interacciones de la naturaleza. De esta manera logra reducir las labores manuales repetitivas y disminuye al mínimo el uso de energía no renovable. Así, mientas la agricultura tradicional, en sociedades con gran densidad de población rural, se basa en un sistema intensivo de mano de obra; y la agricultura industrial en energía intensiva, grandes escalas y despoblamiento territorial; los sistemas de diseño de permacultura, en cambio, son intensivos en información y diseño. Sin embargo, para el sistema de poder en la actual economía de consumo, una vida de frugalidad voluntaria masiva, de reducida dependencia de insumos y productos externos, como la que propone la permacultura, se torna una amenaza a su lógica e intereses. Por ende, propuestas de este tipo resultan descalificadas como irrealizables, utópicas, premodernas, no científicas, y marginadas de todo apoyo y financiamiento académico e institucional.