Obesidad e Inocuidad Alimentaria, Grandes Protagonistas de
2004
Martha
Chavarrías
Las medidas impulsadas
por organismos internacionales en el ámbito
de la inocuidad alimentaria constituyen el gran reto de futuro
en seguridad de los alimentos.
La seguridad alimentaria
ya no atañe tan sólo a
la presencia de contaminantes químico o microorganismos
patógenos en los alimentos. El resumen del año que
ahora ha finalizado revela como, poco a poco, las autoridades sanitarias
internacionales incorporan la nutrición como factor de seguridad
y consideran la globalización como elemento de transmisión
de riesgos alimentarios. Gripe aviar, lengua azul, vacas locas
o la preocupación que suscita la creciente epidemia de obesidad,
son prueba de las nuevas preocupaciones. Entre las respuestas a
los nuevos retos, destacan nuevas recomendaciones en inocuidad
y los nuevos marcos legislativos aprobados en la Unión Europea
sobre trazabilidad y organismos modificados genéticamente,
los polémicos transgénicos.
El interés por asegurar unos alimentos seguros y de calidad
se traducía en la preparación, en abril de 2004 y
en el ámbito comunitario, de nuevas leyes de higiene alimentaria
destinadas a mejorar la seguridad, especialmente en el sector productivo.
En octubre, la tarea quedaba completada con la celebración
en Bangkok del Foro Mundial de Autoridades de Reglamentación
sobre Inocuidad de Alimentos, dedicado al intercambio de experiencias
en la elaboración de sistemas eficaces para evitar que los
productos alimenticios o los procesos necesarios para su producción
y comercialización, sean mecanismos de transmisión
de enfermedades o eventuales contaminaciones. En el foro se abordaron
cuestiones de gran relevancia como el refuerzo de los servicios
oficiales de control de alimentos y la vigilancia epidemiológica
de las enfermedades transmitidas por alimentos, así como
sistemas de alerta.
Ante todo, parece que
la máxima prioridad es reaccionar
con la mayor rapidez posible frente a casos como el de las dioxinas
en Holanda. El pasado mes de noviembre, en este país se
cerraban 160 explotaciones ganaderas tras detectar dioxinas en
sus piensos. Las autoridades holandesas detectaron contaminación
en una arcilla, importada de Alemania, que se utilizaba para hacer
peladuras de patatas, destinadas a la alimentación de cerdos,
vacas, ovejas y cabras.
En España, el control de alimentos tuvo como uno de los
protagonistas al sector avícola, ya que quedaban aprobadas,
desde el 1 de enero de 2004, nuevas condiciones de marcado de huevos,
con nuevos códigos indicativos del sistema de cría,
país y explotación de origen. Las nuevas medidas
obligan a marcar todos los huevos destinados a consumo humano directo
que se vendan envasados o a granel.
Por otro lado, la Agencia
de Seguridad Alimentaria británica
(FSA) confirmaba, en octubre, unos 350 casos de Salmonella a consecuencia
de huevos en mal estado procedentes de España. Según
un comunicado emitido entonces por la FSA, algunos de los casos
de contaminación por esta bacteria procedían de la
cepa Enteritidis PT 14b, a la que algunos huevos españoles
dieron positivo.
DE LA GRIPE AVIAR A LA LENGUA AZUL
El control de enfermedades
animales, como la gripe aviar, el mal de las vacas locas o la
lengua azul, han centrado la atención
de las autoridades en 2004
Los responsables europeos
han centrado su atención en crear
una política de higiene única y transparente aplicable
a todos los operadores de alimentos. Este paquete de programas
incluye también los productos alimenticios de origen animal.
En este sentido, destaca la labor de la Organización Internacional
de Epizootias (OIE), que en abril reclamaba nuevos métodos
de control de las enfermedades animales, como la gripe aviar o
el mal de las vacas locas. Y es que ya a principios de año
las autoridades sanitarias internacionales alertaron de la rápida
difusión de la gripe aviar en el este asiático. En
el mes de enero, la Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (FAO) aseguraba que
la enfermedad podría tener una dimensión mundial,
y pocos días después la Organización Mundial
de la Salud (OMS) anunciaba la preparación de una vacuna
para acabar con la enfermedad. En julio, esta última organización
presentaba algunas precauciones para evitar la infección
humana y reducir así la posibilidad una nueva cepa del virus
de la gripe capaz de desencadenar una pandemia mundial. Al finalizar
el año, la enfermedad de los pollos ha afectado ya a 45
personas en Asia, de las cuales 32 han fallecido, y ha obligado
a sacrificar unos cien millones de aves.
Distinta evolución ha tenido durante el año 2004
la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) o mal de las
vacas locas. En marzo, datos de la Comisión Europea ya reflejaban
una reducción de los casos esta enfermedad, y en el ámbito
nacional, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación
(MAPA) hacía lo mismo. La previsión de los responsables
españoles era que España entraría, en 2004,
en una fase decreciente de la enfermedad. Lo demuestran los 80
casos confirmados durante este último año, frente
a los 173 de 2003. Continúa encabezando la lista de países
con más casos el Reino Unido, con 211, aunque la tendencia
también va a baja, según datos del MAPA. Respecto
a la posible transmisión en humanos, Juan José Badiola,
director del Laboratorio Nacional de Referencia de Encefalopatías
Espongiformes Transmisibles y presidente del Consejo General de
Veterinarios de España, no ha descartado que puedan detectarse
en el futuro ya que «la enfermedad se incuba durante años».
A finales de año, la familia de un joven de 32 años
aseguraba que éste padece la nueva variante humana de Creutzfeldt-Jakob
(vCJD) basándose en el hecho de que el joven vivió en
Londres entre 1995 y 1996, donde podría haber consumido
carne procedente de animales con EEB. Con el fin de descubrir métodos
de diagnóstico precoz tanto en personas como en animales,
la Comisión Europea constituyó, en mayo, una red
de investigación sobre encefalopatías espongiformes
transmisibles (EET), la denominada NeuroPrion, cuyo trabajo está coordinado
por 52 equipos de investigación y que tiene como finalidad
reforzar la seguridad alimentaria.
Desde octubre de 2004,
una de las mayores preocupaciones de los responsables ganaderos
españoles fue la lengua azul, que
se extendió por todo el mediterráneo, afectando sobre
todo las comunidades extremeña y andaluza. Estos casos de
lengua azul obligaron al MAPA a modificar, en noviembre, las medidas
de protección frente a la enfermedad. Las principales modificaciones
se referían entonces a las exigencias y condicionantes para
los movimientos de animales de las especies sensibles, flexibilizándolos
siguiendo la normativa comunitaria según su destino.
ALIMENTOS
CADA VEZ MÁS
SEGUROS
Controlar y evitar las
enfermedades animales forma parte, entre otras actividades, de
un ambicioso proyecto europeo presentado
durante el año 2004. Se trata de la presentación
del nuevo sistema de trazabilidad «de los alimentos, los
piensos, los animales destinados a la producción de alimentos
y de cualquier sustancia destinadas a ser incorporada en un alimento
o un pienso, o con probabilidad de serlo». Y parece claro
que los retos veterinarios van dirigidos precisamente a este fin,
es decir, ajustar la formación a las demandas de la ganadería
y la sociedad, que pasan por todo el proceso de calidad y seguridad
alimentaria desde la granja a la mesa.
Este sistema dedica
una mención especial a los organismos
modificados genéticamente (OMG), cuyos cultivos han aumentado
en el último año, según informaba, en julio,
el Consejo Director del Servicio Internacional para la Adquisición
de Aplicaciones de Agrobiotecnología (ISAAA).
Envueltos siempre en
un continuo debate entre defensores y detractores, los transgénicos han protagonizado durante este último
año varios episodios europeos, como el fin, el 19 de mayo,
de la moratoria que afectaba a la Unión Europea a la autorización
de OMG desde 1998. Durante este año, la CE ha aprobado,
no sin provocar polémica, la comercialización del
maíz Bt-11. Este maíz se sumó entonces a los
16 OMG permitidos en la UE (autorizados antes de la moratoria).
Con esta autorización Bruselas acababa con el bloqueo a
los OMG de forma unilateral. Todos estos productos cuentan, desde
principios de 2004, con un código único, formado
por letras y números, destinado a identificarlos. Este código
permite identificar y supervisar cada OMG que ha sido utilizado
para la producción de la materia prima.
A finales de año, el Comité Asesor de Ética
de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología
(FECYT) consideraba que «la producción de transgénicos
es controlable y debe ser valorada positivamente», teniendo
en cuenta siempre que necesitan un marco jurídico que los
regule. A pesar de todo, lo que parece claro es que los transgénicos
mantienen, todavía, el debate público. Mientras defensores
aseguran que son tan seguros como los alimentos tradicionales,
los detractores sostienen que pueden tener efectos adversos no
intencionados. Uno de los principales retos planteados por todos,
tanto detractores como defensores, está en determinar los
prerrequisitos para introducir la biotecnología en la agricultura. |