Carne de Cerdo
La alimentación del cerdo influye decisivamente en la composición
grasa de su carne: mayor cantidad de grasa insaturada (grasa buena) o
saturada (grasa mala).
En tiempos de griegos
y romanos, el cerdo era considerado por ambos pueblos como el
animal de abasto por excelencia. Los romanos,
apreciaban ciertos embutidos como los "botulus" o "botellos",
que pueden estar representados actualmente por los botelos o botilos
de Galicia, Asturias y León. La morcilla podría derivar
de la palabra "murcella"; la salchicha y por su mayor
calibre y grosor el salchichón, podrían derivar de
la "farta salcicia".
Valor
nutritivo: ventajas e inconvenientes de su consumo
De la carne de cerdo
distinguimos básicamente dos tipos:
el blanco y el ibérico.
* El
blanco es el de
mayor rendimiento de la canal y su carne es más magra.
* El ibérico, alimentado con bellotas y montanera (pasto de monte),
se destina sobre todo a la industria de los embutidos ya que es más
sustanciosa. Esta carne está más cotizada, debido al coste superior
que supone la alimentación especial del animal.
Nutricionalmente, la
carne de cerdo, aporta una media de 18-20 gramos de proteína por 100 gramos de producto. El contenido
proteico varia principalmente, según la especie, la edad
y la parte de la canal de donde proceda.
La grasa es el componente
más variable, pues depende de
la especie, raza, sexo, edad, corte de la carne, pieza que se consuma
y de la alimentación que ha tenido el animal. La carne de
cerdo contiene ácidos grasos saturados, poco saludables
al estar implicados directamente en el aumento de colesterol en
sangre. También contiene ácidos grasos monoinsaturados
(grasa buena) y en proporción superior al resto de carnes.
Además, hay que tener en cuenta que cerca del 70 % de la
grasa del cerdo está por debajo de la piel, por lo que,
el carnicero o el propio consumidor puede eliminarla fácilmente.
Por su moderado contenido
graso, tendrá que ser tenida
en cuenta en caso de obesidad, patología cardiovascular
y alteraciones lipídicas (colesterol o triglicéridos
elevados en sangre).
Para explicar en la
medida que afecta la alimentación que
se le ha dado al cerdo, en su composición grasa, tenemos
al cerdo de raza ibérica. Es alimentado en su fase de cebo
en la dehesa con bellotas y pasto de montanera (monte bajo). Las
bellotas son alimentos ricos en grasas insaturadas (grasa buena),
por lo que la carne de estos cerdos tiene mayor proporción
de ácidos grasos monoinsaturados, sobre todo oleico, llegando
a superar el 50 %. Este ácido graso, componente mayoritario
del aceite de oliva ha llevado a que al cerdo ibérico se
le considere un "olivo con patas". Por esta razón,
en esta carne los ácidos grasos saturados representan un
porcentaje menor con respecto a otras carnes.
Los cerdos de raza blanca,
también pueden variar su proporción
de grasas si se les alimenta con maíz o soja, ambos, ricos
en grasas insaturadas.
La carne magra de cerdo
contiene una cantidad moderada de colesterol, entre 60 y 80 mg
por 100 g de producto fresco. Las vísceras
o despojos (hígado, riñones, sesos), sin embargo,
aportan entre 300 y 400 mg por 100 g.
En cuanto a minerales, destacan el zinc, fósforo, sodio,
potasio y el hierro, en forma de hierro hemo, que se absorbe fácilmente.
Los despojos contienen más hierro pero también más
colesterol. La carne (tejido muscular), contiene unos 40 a 70 mg
de sodio en 100 g de producto fresco, frente a los 200 mg/100 g
de la sangre, ingrediente principal de las morcillas; lo que ha
de ser considerado en caso de hipertensión arterial.
Esta carne no aporta
vitaminas liposolubles, a excepción
del hígado, rico en vitaminas A y D; pero es fuente importante
de vitaminas del complejo B, excepto ácido fólico.
Tiene de 8 a 10 veces más tiamina o vitamina B1 que el resto
de carnes, y por supuesto, vitamina B12, (sobre todo el hígado
y el riñón), que no se encuentra disponible en alimentos
vegetales. Además, la carne de cerdo es una de la que menos
cantidad de bases púricas contiene. Estas sustancias dan
lugar al ácido úrico, elemento restringido en personas
que padecen gota. Criterios
de calidad en la compra: La calidad de la carne depende de sus
propiedades organolépticas de sabor, terneza, color…,
siendo la misma para las diferentes partes del mismo animal y
variando según la edad, la raza, el sexo y condiciones
de cría.
Sea
cual sea su calidad, la parte trasera es de primera categoría,
rica en proteínas de buen valor biológico; adecuada
para asar ya que es menos grasa y más digestiva. Las piezas
delanteras son de segunda y tercera categoría y precisan
una cocción prolongada para que sean más tiernas.
Contienen proteínas que forman el tejido conjuntivo (colágeno),
que aumenta con la edad del animal. El colágeno forma parte
de piel, huesos, tendones, ligamentos y por acción del calor
se transforma en gelatina.
Conservación y manipulación higiénicas: En
las piezas enteras la superficie en contacto con el aire es menor
que en filetes o carne picada y por tanto la conservación
es más fácil. Requiere una refrigeración apropiada
para impedir su deterioro.
- Nada
más
comprarla la podemos conservar en…
- la parte más fría de la nevera entre 3 y 5 días;
en recipientes provistos de una rejilla para aislarla del jugo
que desprende.
- *
un congelador que alcance los -18ºC, trozos grandes y
pequeños de cerdo (3-4 meses); picadillo y salchichas frescas
(1 mes).
- Compre la carne picada justo antes de volver a casa. Consúmala
como máximo en dos días, manteniéndola en
la nevera.
- La descongelación se hace en la parte menos fría
de la nevera o en el microondas. Una vez descongelada, nunca se
debe volver a congelar.
- Para evitar riesgos de contaminación, no manipule al mismo tiempo carne
cruda y cocinada, ni emplee los mismos utensilios.
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