![]() |
En primer lugar porque la mayoría de esos productos no son del consumo generalizado de la población y muchos de ellos son considerados casi un lujo por un gran sector de la comunidad, como las latas de frijoles refritos, o de frijoles refritos con chipotle.
Ese café con leche que aparece en la lista pues de plano me es totalmente desconocido.
Del total de la lista, 44 son bebidas y néctares, 20 son chiles en distintas presentaciones y marcas y 16 de los artículos son de té aromáticos y de sabores distintos.
Tal vez los altos funcionarios de la federación y los grandes empresarios del país, no saben, o ya se les olvidó, que la dieta del mexicano común es el frijol, la tortilla de maíz, el huevo, la leche, el arroz y eventualmente un pedazo de carne o de pescado.
Esos productos debieron ser congelados en su precio, al igual que las verduras y los servicios que presta la federación como la energía eléctrica.
Con solo haber controlado los precios de la tortilla de maíz, del huevo, del frijol, la leche y el pollo, hubiera sido mayor atenuante para la raquítica economía del mexicano.
De veras que eso de congelar el precio de una lata de chilorio, o de una lata de crema de flor de calabaza, o de chiles chipotles, o de un té negro o de hierbabuena, mas bien da la idea de una campaña para vaciar esas mercancías que están envejeciendo en los anaqueles de algunos supermercados del centro del país, y uno que otro de la región.
No, de plano esa medida anunciada con bombos y platillos no es de ninguna manera un paliativo a la crisis económica de las mayorías.
No se sí es una buena intención con ignorancia, o es una burla.
El senador del PAN, Guillermo Padrés, uno de los aspirantes a suceder a Eduardo Bours en la Silla de Mandar, no de montar, regresó de Italia y no se que lugares visitó pues al llegar a tierras nacionales afirmó que "el campo mexicano no está desarticulado, está muy bien, incluso, dice, si lo comparamos con países desarrollados".
Tal vez el Señor Padrés se esté refiriendo a los campos tomateros de Del Monte, o los predios florecientes de la vid del español Pedro Domeq, o quizás a las modernas instalaciones de cultivo de invernadero propiedad de Javier Gándara, porque si es así entonces no digo nada y tiene toda la razón el senador blanquiazul.
Pero si se refiere al campo mexicano, a ese donde desde el amanecer hasta que se mete el sol, el campesino labra la tierra, coloca la semilla y eventualmente cosecha un fruto, está totalmente equivocado.
Si algo ha fallado en este país, es la política agropecuaria, y no de ahora, tiene muchos años siendo deficiente, en parte por la avaricia de los grandes productores, pero esencialmente por la errónea política gubernamental.
El abrir la frontera a la importación de granos alimenticios no es otra cosa que aceptar la deficiencia en la producción y buscar resolver el problema presente a un alto costo.
Mientras el gobierno federal no proyecte programas de mediano y largo plazo, México seguirá siendo dependiente del extranjero e incluso, de que los chinos decidan comer mas.
Resulta paradójico que siendo México un país con grandes extensiones de tierra, con grandes volúmenes de agua y con grandes científicos en la UNAM y en la propia Universidad de Sonora, solo por citar un ejemplo, a estas alturas sigamos siendo dependientes en el renglón alimentario.
Felipe Calderón, Camilo Mouriño y compañía Azul, deben entender que un país con hambre, y no solo de justicia, sino con hambre en el estómago, es un problema serio.
Así que Señor Padrés no venga a decirnos que el campo mexicano es de lo mejor, por favor.
Miles o millones de campesinos se lo pueden demostrar.