Entrando ya en el tiempo otoñal, un año más, estamos nuevamente en el 4 de octubre, festividad del patrono de la Veterinaria, Francisco de Asís. Él fue el mejor ejemplo de la estrecha fraternidad que debe imperar, no sólo entre los hombres, sino también hacerse extensiva a todas las criaturas vivientes, incluyendo al mundo animal, al vegetal y al mineral -recuérdese, como ejemplo, sus alabanzas al hermano Sol- que, como parte de la creación divina, en ese sentido son también dignos de ser respetados y valorados.
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A pesar del vértigo de las prisas que define a nuestro tiempo, en estas efemérides existe cierta predisposición que parece invitar al recuerdo y a la reflexión. Una de las características de los comienzos científicos del siglo XXI es la creación acelerada de conocimiento y la renovación permanente. Al hacer historia de la evolución científica y técnica de la veterinaria es preciso remarcar que este siglo ha recibido un rico patrimonio profesional que tenemos que cuidar y potenciar. Es cierto que todavía a finales del XIX quedaban reductos de la antigua albeitería, aunque ya coexistía con una veterinaria más moderna, y los últimos cien años se pueden considerar los de su convalidación como ciencia y como profesión. La sociedad mundial en general se ha ido transformando sin cesar y la española, particularmente. España se ha convertido en un país fundamentalmente urbano, con un porcentaje muy bajo de su población dedicado a la agricultura y a la ganadería. También el panorama mundial, en cuanto a la salud pública se refiere, ha cambiado de forma vertiginosa en estos últimos años y, en ese cambio, la evolución y las transformaciones de las actividades veterinarias han sido esenciales, especialmente en lo que atañe a la seguridad de los alimentos y a la lucha y control de las enfermedades de los animales, transmisibles al hombre. La auténtica medicina preventiva humana empieza, casi siempre, en el mantenimiento de un alto nivel en la sanidad veterinaria. En la actualidad, la medicina humana y la veterinaria conforman el conjunto de la biomedicina; conjunto que trabaja armónicamente en beneficio de toda la comunidad.
Con estos supuestos, el papel a jugar por el veterinario ha cambiado también. Y no sólo porque, en cuanto a la salud animal se refiere, muchas de las enfermedades que azotaban a la ganadería se han visto reducidas y otras, completamente erradicadas, algunas de modo espectacular; sino también porque aparecen nuevos tipos de patologías infecciosas que podríamos llamar de la civilización y del cambio climático, producidas por priones, virus, parásitos, etcétera (por ejemplo, la encefalopatía espongiforme bovina, el Ébola, la lengua azula...). Como ya hemos comentado, otro campo en el que su quehacer es indispensable y decisivo lo constituye su trabajo en el terreno de las garantías alimentarias. Los veterinarios, incardinados en la sociedad, ponen todos sus conocimientos científico-técnicos al servicio de la misma, velando por su seguridad en lo relativo al consumo de productos alimenticios. Cambios destacables han sido los derivados de la convicción de los gobiernos de que la medicina preventiva debe adelantarse a la terapéutica. Se dice que «más vale prevenir que curar» y, además, es más barato organizar campañas de prevención (inspecciones, vacunaciones...) y llevarlas a efecto que soportar las cargas económicas que supone el tratamiento de las diversas enfermedades. Los rápidos desarrollos de los aspectos científicos han significado variaciones en las especialidades veterinarias clásicas y la creación de otras nuevas. De este modo, también ha sido novedosa la contribución de las ciencias veterinarias a la investigación en biotecnología molecular y destacan sus aplicaciones en el campo de la selección genética para la producción ganadera. El crecimiento de la profesión veterinaria se puede ver, sobre todo, en el número de facultades de Veterinaria que funcionan en nuestro país (en la actualidad, existen nueve públicas y dos privadas), con el consiguiente aumento de estudiantes en ellas matriculados. Estas facultades han adaptado sus planes formativos para la homologación de títulos en el espacio de la Unión Europea. El futuro de esta disciplina se revela, por tanto, interdependiente, multidisciplinar y con un amplio espectro de funciones y servicios para prestar a los ciudadanos.
La historia de la veterinaria vive un gran momento, cuenta con prestigiosos profesionales que le dedican sus desvelos y se vislumbra un buen futuro. Desde este cambiante presente y para proyectar ese futuro esperanzador se hace necesario tener una visión del pasado. Este año se cumplen los 103 años de la creación del Colegio de Veterinarios del Principado de Asturias. Cuando se creó, en noviembre de 1905, apenas se logró colegiar a 29 de los 31 veterinarios censados en la provincia y cuya mayoría realizaba funciones en el ámbito rural. Su primera sede estuvo en el edificio de la Cámara de Comercio, en el número 4 de la plaza de Riego. En la actualidad, pertenecen a él 730, entre jubilados, recién licenciados, profesionales del sector público y autonómico (actuando en campos como la salud pública, la sanidad animal y el medio ambiente), trabajando en industrias agroalimentarias o en el ejercicio liberal de la clínica veterinaria de grandes y pequeños animales, etcétera. Coincidiendo con su centenario, se publicó un interesante libro «Un siglo de veterinaria en Asturias» cuyos autores, Mario Bango, Fernando Camarero y Francisco Pañeda, hacen memoria sobre un período esencial de la veterinaria asturiana. Han sido muchos los veterinarios que han enriquecido nuestra profesión con su buen hacer y su ejemplo, sobresaliendo algunos por su gran talla profesional y humana. A todos ellos va dedicado este artículo.