Consumo y consumismo

Molesta la ostentación de los vividores y escandaliza el derroche de ciertos mandos económicos

Rufo Gamazo
Rufo Gamazo Rico

RUFO GAMAZO RICO. Como indescriptible, lo que se dice indescriptible, no se percibe el entusiasmo por la quinta serie de medidas del Gobierno para hacer frente a la crisis; tampoco se ha recibido como un ridículo parto de los montes; y probablemente son exageradas las descalificaciones por parte de la Oposición. Quizá no disguste al incansable promotor de medidas esta reacción de acusada flojera y desmayado interés. Es natural que decaiga la curiosidad del personal por los remedios que con demasiada frecuencia promete tomar el presidente; la gente termina por cansarse del mismo rollo aunque sea razonable y conveniente. Se ha comentado que esta crisis profunda por lo que se sufre e irremediablemente larga según se teme, nos está costando tantas palabras como euros; palabras que vuelan juguetes del olvido y euros contantes y sonantes; palabras empleadas para decir lo mismo y lo contrario con la intención torticera de que los que tienen oídos e inteligencia no oigan ni entiendan.

Cuando, por fin, Rodríguez Zapatero reconoció bajándose del limbo la presencia de la crisis, dictaminó como primer remedio que había que apretarse el cinturón. A cualquiera le amarga acortar el cinto; a todos indigna hambrear por necesidad y recomendación imperativa, cuando los afortunados de la vida presumen de comer a dos carrillos y de gastar como en los mejores tiempos. Sociólogos y moralistas han condenado el consumismo como un grave achaque y causa de males para los pueblos. La ambición y la avaricia de los poderosos se encuentran en el origen del inducido afán de consumismo, al que se culpa de causar la crisis. Así las cosas, algún soñador -por supuesto antiliberal- se atreve a pronosticar que en este caos económico verá su fin el consumismo, enemigo del consumo racional y justo. La verdad que nadie discute, es que la crisis afecta negativamente a todos y con mayor dureza a las clases pobres. Como suele ocurrir cuando se trata de repartir bienes y males.

Si la ostentación de los vividores molesta a los mantenidos por Cáritas, con mayor motivo escandaliza e indigna al contribuyente en insensato derroche de ciertos mandos económicos que no han sabido precaverse del síndrome del pobre a caballo. Hay que reconocer el acierto de cierto periódico nacional en auge al titular una sección informativa “Diario del despilfarro”: no te han faltado noticias y, por las trazas, no le van a faltar. Algunas podrían figurar por derecho, en un nuevo tomo de “Historia de la estupidez humana”, de Tabori. Por ejemplo, la de Carod-Rovira suministrando millares de condones a los africanos como regalo del gobierno que preside el socialista Montilla, de procedencia charnega como el propio generoso condonero. En memorable salida anterior al extranjero don Josep Lluis (como exige que se le llame) se retrató con una corona de espinas, en un gesto que fue interpretado como paletismo irrespetuoso. Hay quien siempre aspira a mayor gloria: Resulta que los más ambiciosos mandamases autonómicos si no se conforman con que les toquen las gaitas y tambores y les rindan honores en sus dominios, establecen delegaciones con ínfulas de embajada para que los conozca y reconozca el “mundo más mundial”. A cualquier hispanófilo de dentro o de fuera podría ocurrirse la inocente pregunta: ¿Qué bandera ondea en las portadas de esos edificios representativos, presumiblemente pagados por todos los españoles? Dígase el lector lo que piensa y acertará. Da en la diana el Emérito: a pesar de abracadabrante legislación autonómica saldremos de la crisis económica, lógicamente con pocas carnes. ¿Cómo saldremos de las crisis religiosa, del empobrecimiento de la moral pública, de los desbarajustes del Estado de las Autonomías? Ya parece obvio que la distinta y en ocasiones contradictoria legislación vigente en cada uno de los diecisiete territorios autonómicos no ayudarán a salir de la crisis. No hace falta recurrir para convencernos al experimentado principio que reza que “la unión hace la fuerza”.

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This entry was posted on Martes, Septiembre 15th, 2009 at 10:27 and is filed under Tratados Comerciales. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

 

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